Cuando una organización quiere realizar diferentes proyectos, surge la duda de cómo compararlos. Esto significa decidir cuáles se deben ejecutar, su prioridad, y por tanto, como se deben asignar los recursos. En este artículo se tratarán los principales criterios para hacer la evaluación de proyectos, tanto los objetivos cómo los subjetivos.
Clarificar que estos criterios se usan antes de empezar el proyecto para decidir si se hace o no, y con qué prioridad. Para definir la prioridad en la asignación de recursos entre proyectos en ejecución existen otros criterios.
Si te gusta este post y te interesa aprender más sobre la gestión de proyectos, te sugerimos que descargues nuestra guía o nuestro set de plantillas profesionales. Así, de paso, nos ayudas a seguir creando contenido de valor para ti 😉 Gracias!!
Los criterios objetivos serían aquellos basados en los resultados económicos que esperamos del proyecto. Estos pueden ser debidos a la venta directa del producto resultante, a los ahorros conseguidos, o a algún aspecto estratégico que nos permita generar un ingreso adicional. En estos casos lo más habitual es evaluar los proyectos a través del VAN y TIR:
Es el beneficio económico que nos aporta el proyecto ajustado al momento actual mediante la tasa de descuento. Para ello es necesario haber calculado previamente el flujo de caja y la inversión del proyecto.
Donde:
El valor a considerar como tasa de descuento puede variar en función del objetivo de la comparación. En general este está relacionado con la rentabilidad mínima que necesitamos conseguir con el proyecto. Así los valores más habituales son:
Según este criterio solo se llevarán a cabo aquellos proyectos con VAN positivo, priorizando aquellos que tengan el valor más alto.
Es aquella tasa de descuento que hace que el VAN sea 0, por tanto que este deje de ser interesante para ser ejecutado.
El concepto es que cuando mayor sea la diferencia, mayor serán los beneficios respecto a lo esperado, y menor será el riesgo de no conseguir la rentabilidad mínima esperada.
Aunque el VAN y TIR se suelen tratar como si fueran deterministas, la realidad es que estos dependen de diferentes valores que se han estimado o supuesto. Por lo tanto, en la medida en que los valores de partida están sujetos a variabilidad, también lo están los resultados de la comparación.
Por ello es importante hacer un análisis de rigidez respecto a los valores de partida del estudio. Para ello se deben seguir los siguientes pasos:
Como resultado obtenemos la variación del VAN y TIR en función de los diferentes parámetros, por lo que podemos ver si la decisión de hacer el proyecto y la prioridad entre proyectos se mantiene, así como que parámetros son los más críticos. Esto se puede ver en el siguiente gráfico:
No todos los proyectos se hacen para conseguir un beneficio directo, o no siempre es posible calcular este beneficio; lo que no significa que no puedan ser interesantes.
También hay proyectos que se hacen por los beneficios estratégicos que estos aportaran a la organización. Como ejemplos tendríamos: entrar en un nuevo mercado, mejorar la gestión de los clientes, mejorar la eficiencia, etc. Estos son proyectos que, aunque aportan valor a la organización y previsiblemente beneficios futuros, es difícil cuantificar el beneficio directo que aportarán para aplicar los criterios anteriores y por tanto calcular el VAN y TIR.
En estos casos la solución es evaluar el proyecto en base a cómo este está alineado con los objetivos y la estrategia de la organización. Lo cual es una evaluación subjetiva al no poderse cuantificar. No obstante, sí que es posible, mediante la participación de expertos o la dirección, comparar los proyectos en función si estos están más o menos alineados con cada objetivo; priorizando aquellos que estén más alineados.