En muchos casos hacemos proyectos para conseguir un beneficio económico. Bien a través del producto resultante del proyecto o con la propia ejecución del proyecto. En ambos casos la rentabilidad del proyecto será un factor importante que deberemos controlar.
La pregunta «Cómo incrementar el beneficio del proyecto» se responde al final del post 😉
Cuando hablamos de rentabilidad, todos la asociamos al margen de beneficio, o sea, a la diferencia entre lo que ingresamos por el proyecto y lo que nos gastamos en su ejecución. El problema surge en cómo valorar estos ingresos y gastos a lo largo de la ejecución. Por ello surge la pregunta:
Los ingresos son la primera parte de la ecuación del cálculo de la rentabilidad del proyecto. Aquí podríamos tener diferentes criterios:
Como se puede ver, cada criterio nos dará un resultado diferente para los ingresos a considerar en un determinado punto intermedio del proyecto.
Imaginemos que tenemos el proyecto mostrado en el siguiente cronograma, el cual se compone de 6 tareas con los costes, precio de venta y horas mostradas. La tarea 3 la contratamos a un proveedor, con el pago del 10% al inicio y el 90% a la entrega. Las condiciones de venta son 20% al inicio y el resto al final. Con estos datos vamos a calcular los ingresos que podríamos imputar al proyecto con cada uno de los tres criterios:
Aquí en general no hay tanto conflicto de criterios, ya que es fácil determinar en un momento dado los gastos que se han imputado al proyecto. La única discrepancia que puede surgir es sobre la forma de tratar los costes comprometidos.
Los costes comprometidos son aquellos que tenemos la obligación de pagar pero aún no lo hemos hecho. Por ejemplo si hemos hecho un pedido a un proveedor, este lo está ejecutando, pero aún no nos ha mandado la factura. Aunque no tengamos la factura, el pedido ya supone una obligación de pagar a la entrega del pedido, lo que implica que si el proyecto acabase en este momento, deberíamos de hacer frente a este gasto.
En el ejemplo anterior el coste incurrido sería 2225€ (criterio 1), que si consideramos los costes comprometidos subiría hasta 3125€ (criterio 2).
Una vez definidos los criterios de cálculo para los ingresos y gastos, que deben ser uniformes a lo largo del proyecto y entre los diferentes proyectos de la organización, ya podemos calcular la rentabilidad del proyecto en cualquier momento. Esto será más simple o complicado en función de las herramientas que tengamos para controlar e imputar los costes.
Normalmente el beneficio se calcula de forma porcentual, como el porcentaje que representa el beneficio sobre el gasto. De esta forma, considerando los diferentes criterios indicados para los ingresos y gastos, el proyecto del ejemplo presentaría la siguiente rentabilidad:
La gran variación de resultados obtenidos demuestra la importancia de elegir bien los criterios de valoración de los ingresos y gastos, así como la necesidad de que estos se mantengan uniformes. En base a mi experiencia profesional puedo indicar que los criterios 2 y 3 son los más usados para los ingresos, junto a la consideración de los costes comprometidos.
Uno de los dilemas básicos en cualquier organización es la lucha entre la ocupación de los recursos y su disponibilidad. Desde un punto de vista tradicional, y sobre todo desde el punto de vista de los responsables de los recursos, se busca que estos estén ocupados al 100% durante la mayor parte del tiempo. Esto implica que cuando entra un nuevo proyecto, este debe esperarse a que estos acaben el trabajo planificado, incrementando su tiempo de ejecución. Por lo contrario, si queremos poder ejecutar cualquier proyecto en el momento que este entra, nos veremos obligados a tener recursos ociosos a la espera del proyecto.
Obviamente este dilema implica que la organización deberá encontrar el punto óptimo entre ocupación y velocidad, lo cual puede conseguirse mediante la aplicación de la metodología de Cadena Crítica. Esta metodología consigue reducir los plazos de entrega del conjunto de proyectos, consiguiendo así un menor plazo de entrega y por tanto incrementar el beneficio del proyecto.
Tanto cuando hacemos un proyecto para terceros, como cuando estamos desarrollando un proyecto para ser usado internamente. Cuando antes este nos permita generar ingresos, mayor será su beneficio. Para conseguir esto podemos usar las siguientes estrategias a la hora de planificar el proyecto:
Ambos casos se tratan de conceptos que solo podremos aplicar si participamos en la fase de definición del proyecto, ya que dependen de aspectos básicos como el ciclo de vida o la metodología que se definan para el proyecto.
Un coste importante en cualquier proyecto, y que muchas veces no se contempla, es el coste de financiación. El cual está directamente relacionado con el flujo de caja. El flujo de caja es la diferencia entre los ingresos y pagos que tendremos a lo largo del proyecto, siendo necesario financiar el proyecto cuando este sea negativo.
Cómo ya se intuye, lo óptimo será planificar el proyecto de tal forma que este siempre tenga un flujo de caja positivo. Esto indicará que los ingresos generados por este cubren sus gastos sin necesidad de aporte externo.
En el artículo del flujo de caja se analiza este en mayor detalle, pero de forma resumida es posible indicar los siguientes aspectos como los más importantes para conseguir un flujo de caja favorable:
Los cambios incontrolados son uno de los principales motivos de fracaso de proyectos, y de igual forma uno de los principalmente motivos para que estos se salgan del presupuesto. Por lo tanto un factor básico para poder maximizar el beneficio del proyecto es minimizar los cambios. Asegurando que aquellos cambios que debamos aplicar cuentan con los recursos y aprobaciones necesarias.
Para ello será básico definir correctamente el alcance inicial del proyecto y los objetivos perseguidos. De forma que todas aquellas solicitudes que modifiquen este alcance, o que no estén alineadas con los objetivos, puedan ser rechazadas o gestionadas de forma adecuada, por este orden. En la sección de gestión de cambios pueden verse varios artículos y plantillas sobre este tema.
Desde un punto de vista práctico, muchas veces no vamos a tener la capacidad de decir que no a una solicitud de un cliente o determinadas personas. En estos casos deberemos aplicar el concepto de “si que podemos pero…”. Esto implica calcular y explicar las consecuencias en términos de plazo y coste que va a implicar el cambio, buscando que estas sean asumidas por la persona que solicita el cambio.